ATLÉTICO 3- 1 SPORTING
El conjunto de Abel volvió a mostrar las carencias que han acompañado a los rojiblancos a lo largo de toda la temporada. Nulo juego colectivo y grandes lagunas en defensa. Tan solo la delantera rindió al nivel esperado y sacó las castañas del fuego -otra vez-, ante un rival que mostró mejor cara, pero que nada pudo hacer ante la eficacia rojiblanca.
Borja García de Sola Fernández / Madrid.
El ambiente era gélido. Apenas 25.000 espectadores en el Calderón, 3.000 venidos desde tierras asturianas. La derrota en el Sardinero escocía a los aficionados y, así se lo hicieron ver a la directiva, cuerpo técnico y jugadores desde el primer momento. En los prolegómenos se podía vivir la tensión. Medio centenar de aficionados se manifestaban a las puertas del estadio contra la familia Gil y contra Cerezo por su labor en estos años.
Sin embargo, el partido no sirvió para calmar los ánimos. Los rojiblancos intentaron controlar el esférico desde el primer momento pero a los pocos minutos se contagiaron del ambiente de la grada y empezaron a jugar “su” fútbol. El balón iba de un lado al otro sin detenerse en el medio del campo, ya que el Atlético no tiene jugadores que sepan jugar al fútbol. ¿La solución? Balones a la delantera. Primitivo a la par que eficaz.
Cualquier otro equipo hubiese puesto patas arriba el Calderón. Pero el Sporting no. El Sporting tiene más problemas que el Atlético. Su defensa es la de un patio de colegio, el medio del campo tan solo aporta ganas y, a veces, ni eso, y la delantera no goza de un buen momento. No solo eso, sino que la mala suerte parece que les acompaña en las últimas jornadas.
Es el minuto 27 cuando Forlán golpea al balón desde fuera del área con la mala fortuna que el disparo toca en Neru y hace una parábola imposible de parar. En ese momento la afición, dormida hasta entonces, se volvió a acordar de la familia Gil y de su presidente.
Antes de que el Sporting pudiese reaccionar, una brillante acción del portugués Simao, en colaboración con Forlán, sirvió al Atlético para irse con dos goles de ventaja al descanso. Y la afición se volvió a girar al palco.
La segunda parte empezó trepidante. Un buen pase de Forlán -el mejor de los locales- hacia el Kun, dejó solo al argentino que batió a Pichi Cuellar en el mano a mano. Al minuto, el Sporting se rehízo y tras una jugada personal de Diego Castro, Mate Bilic llevó el cuero al fondo de las mallas.
A partir de ese momento los locales desaparecieron y el Sporting echó toda la carne en el asador. Los asturianos rondaron el gol en varias ocasiones pero, la mala fortuna en unos casos, y la falta de precisión en otros, impidieron a los de Preciado marcar otro gol.
Ante la pasividad de sus jugadores, el Calderón estalló. El momento cumbre se produjo con la lesión de Antonio López y la entrada de Mariano Pernía. La entrada del argentino fue la gota que colmó el vaso. La afición rojiblanca, harta del mal juego del equipo, la tomó con el lateral. Pero no fue el único, el resto del equipo jugó la segunda mitad acompañado por cánticos como: “¡Esta camiseta, no la merecéis!” o “¡Jugadores, mercenarios!”
Por suerte para la afición local, al final el Atleti consiguió los tres puntos –sin duda lo mejor de la noche- y está a tan solo cuatro puntos de la Champions. Mientras el Sporting, duerme en descenso y con la sensación de que se podía haber llevado algo más de la ribera del Manzanares.









